Mis agentes de IA

Dos agentes conviviendo con mi trabajo desde 2026. Uno ejecuta lo que le encargo; el otro me lleva la contraria. Este es el laboratorio donde intento entender la inteligencia artificial usándola, no leyendo sobre ella.

Sami desde el 28 de febrero de 2026 · TARS desde el 11 de abril de 2026

En números

7
meses con Sami
5
meses con TARS
98
curiosidades publicadas

Por qué dos agentes y no uno

Desde hace mucho tiempo, más o menos cuando el cometa Halley pasó por la Tierra, yo ya jugueteaba con ordenadores y aprendí una máxima: la tecnología no se entiende leyendo manuales sobre ella, sino que es a través de su uso como podemos llegar a comprenderla en toda su dimensión. La tecnología se entiende usándola, hasta que te encuentras con sus límites. Los informes te cuentan lo que promete. El uso te cuenta lo que hace.

Con la inteligencia artificial ocurre lo mismo, pero más deprisa. Podía quedarme con la lectura de un post, o en una conversación de café, probar a abrir un chat, pedirle algo y cerrarlo, etc., o podía buscarle un hueco en mi día a día, experimentar a fondo y ver qué pasaba. Elegí lo segundo. Y en vez de montar un agente que lo hiciera todo, monté dos, el primero con OpenClaw y el segundo con Hermes. No lo planifiqué así, sino que los fui «adoptando» conforme sus creadores los dieron a conocer.

A Sami le encargo cosas. Con TARS discuto. No son dos versiones del mismo experimento: son dos preguntas diferentes.

Ninguno de los dos está aquí para ahorrarme tiempo. Están aquí porque quiero saber, de primera mano, dónde está la frontera entre lo que una máquina puede hacer por mí y lo que sigue siendo asunto mío. Esa frontera no soy capaz de descubrirla en abstracto. La descubro conforme pongo al agente al límite y evalúo qué es capaz de hacer y qué no.

Sami, «el asistente»

Sami llegó a mi Telegram el 28 de febrero de 2026. Vive en un servidor propio, sobre OpenClaw, y funciona como asistente personal: le encargo tareas y las ejecuta. No es un chat que espera a que yo abra una pestaña; es un proceso que sigue en marcha cuando yo cierro el portátil, e incluso cuando todavía no lo he abierto.

Nuestra relación es de encargo. Le pido cosas y me las hace. Algunas puntuales, otras periódicas. En esto último es donde está la gracia. Por ejemplo, todos los días a las 06:00 me prepara un resumen de prensa. Sami se hace el mismo recorrido de prensa online, que yo llevo años haciendo todas las mañanas, y me sirve las noticias más destacadas de prensa nacional, internacional, local, deportiva y financiera en nuestro chat. Hago lo mismo con las estadísticas de mis webs y otras cuestiones que hacía yo recurrentemente todos los días o con una periodicidad fija. También le comparto todos los links a contenidos que veo por redes, webs y newsletters, y me elabora un informe los sábados.

Escribe aquí, y yo no lo leo antes

Como soy de naturaleza curiosa, y para poder irme a la cama todos los días habiendo aprendido una cosa más, le pedí a Sami que me encontrara curiosidades y las fuera anotando. Yo le doy feedback sobre cada curiosidad y él se va afinando conforme a lo que le digo, para presentarme curiosidades que me gusten. Ya lleva más de 50 «likes», y tengo que decir que estoy sorprendido de la evolución de aciertos tras poco más de 5 meses de entrenamiento. Por eso he decidido habilitar una sección en el blog de mi web, «Agente Sami», para que publique un resumen semanal de las curiosidades que comparte conmigo. Mi única participación es decirle si me gustan las sorpresas o no: los domingos crea un post con las sorpresas agrupadas y lo publica en mi web sin que yo haga nada ni le supervise nada.

Eso me obligó a construir algo que no había construido antes: un sistema de validación automático. Antes de publicar, el sistema comprueba que el post lleve portada, redacta un aviso informando de que lo ha escrito una IA, que contiene extensión suficiente, fuentes enlazadas para comprobar la veracidad, texto alternativo en las imágenes, etc. Si algo falla, aunque Sami lo haya mandado a publicar, el post no se publica y me avisa para que yo intervenga. Confianza sustituida por un sistema de verificación.

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TARS, «el consejero»

TARS llegó el 11 de abril de 2026 y hace justo lo contrario. No le encargo tareas: converso con él. Es mi asesor financiero y profesional, y su papel es más de consejero que de ayudante.

El nombre no es casual. TARS es el robot de Interstellar, el que tiene parámetros ajustables de humor y de sinceridad. El mío lleva el ajuste de sinceridad al 100 %, que es exactamente lo que le pido: que no me dé la razón. Un asesor que confirma lo que ya piensas no es un asesor, es un espejo caro.

Está basado en la tecnología Hermes agent y es el experimento gracias al cual estoy aprendiendo a medir la potencia de esta tecnología respecto a OpenClaw.

De Sami espero que ejecute bien. De TARS espero que me diga que me estoy equivocando.

Con él hablo de decisiones que no tienen una respuesta correcta: cómo ordenar unas finanzas, si merece la pena abordar un proyecto, qué estoy dejando de ver en un planteamiento o en qué temas profundizar. No le pido que decida. Le pido que argumente en contra de lo que traigo, que es la parte más difícil de conseguir de estas herramientas: por defecto son complacientes. Cuando TARS me da la razón, sospecho.

Y aquí está el matiz que me interesa del experimento: un agente que ejecuta mal deja un rastro visible —una tarea mal hecha, un texto que no pasa la puerta—. Un asesor que aconseja mal no deja rastro ninguno. Te enteras meses después, si te enteras. Para mí la sinceridad al máximo es la única forma de que su consejo valga algo.

Un modelo para cada tarea

Ninguno de los dos agentes está casado con un modelo. Trabajo con varios a través de sus API y elijo en cada caso según lo que pide la tarea: no es lo mismo razonar sobre un problema largo que resumir un texto, traducir, escribir código o clasificar cien entradas seguidas.

Claude Escritura y código
DeepSeek Razonamiento largo
GLM 5.3 Tareas generales
Gemini Contexto amplio
Qwen Volumen y rapidez

Repartir el trabajo entre modelos tiene una ventaja que no esperaba cuando empecé: te enseña que no existe «la IA» en singular. Cada uno tiene su carácter, sus manías y sus puntos ciegos. Al usar cinco, dejas de pensar en términos de una tecnología monolítica y empiezas a pensar en herramientas concretas con habilidades concretas. Que es, más o menos, lo que uno hace con cualquier oficio.

También evita una dependencia que me incomoda. Si todo tu flujo de trabajo vive en un único proveedor, no estás usando una tecnología: estás alquilando una forma de trabajar.

Lo que llevo aprendido

Delegar tareas no es delegar criterio

Es la lección grande, y la escribí antes de tenerla del todo clara en El agente que nunca duerme. Que un agente ejecute por mí no traslada la responsabilidad: si Sami publica una tontería, la ha publicado mi web, con mi nombre en el pie. El agente no puede rendir cuentas. Yo sí.

La confianza no escala; la verificación sí

Cuando algo se publica solo, «me fío» deja de ser una postura y pasa a ser una negligencia. Lo que funciona es escribir la comprobación y dejar que corra siempre. Cada vez que algo salió mal, la respuesta correcta no fue supervisar más: fue añadir una prueba que lo detectara sin mí.

Los sistemas automáticos hay que diseñarlos para el fallo, no para el éxito

Un cron perdido, una publicación revertida, un lote que aborta a medias. Todo eso pasa. El montaje que aguanta no es el que acierta siempre, sino el que se arregla solo a la vuelta siguiente sin que nadie tenga que darse cuenta.

Lo que sigo sin delegar

Lo que llevo mi nombre y opinión propia: los artículos que firmo yo, las decisiones sobre personas y cualquier cosa donde equivocarse tenga consecuencias para alguien que no sea yo. No por desconfianza técnica. Porque la parte que me interesa de escribir y de decidir es precisamente la que no se puede encargar.

Sigo pensando que la pregunta importante no es qué puede hacer la IA, sino qué queremos seguir haciendo nosotros. Dos agentes después, la tengo más clara que antes, aunque sigo jugando, probando, investigando...