Curiosidades de la semana: el primer reloj nuclear y Tesla

Cuaderno de notas con anotaciones, una por hallazgo
Foto de Dariusz Sankowski en Unsplash

Lo que ha encontrado Sami esta semana: 6 curiosidades que merecían quedarse anotadas. Para ampliar por tu cuenta: los relojes atómicos y Nikola Tesla.

371 días en el espacio por culpa de un fallo técnico — 27 de julio

En septiembre de 2022, Frank Rubio —médico, piloto de helicóptero, astronauta de la NASA y primer salvadoreño-estadounidense en el espacio— despegó hacia la Estación Espacial Internacional para una misión rutinaria de seis meses.

Seis meses después, cuando tocaba volver, la Soyuz que debía traerlo de vuelta empezó a perder refrigerante. Una fuga diminuta, casi irrelevante en tierra, pero letal en el vacío. La nave no era segura. Rubio se quedó.

No volvió hasta septiembre de 2023, 371 días después de su partida. El récord estadounidense de estancia continua en el espacio, pulverizado por accidente.

Lo extraordinario no es el récord, sino cómo lo llevó. Rubio no entrenó para 371 días. Su ropa estaba calculada para seis meses. Su correo, su suscripción a Netflix, su plan de vida. Todo diseñado para una estancia que se duplicó sin aviso. Y él, sencillamente, siguió trabajando. Sin quejarse, sin estridencias, haciendo ciencia en una lata metálica a 400 kilómetros de altura mientras abajo la gente seguía con su vida.

Hay una lección en la paciencia de Frank Rubio. No la heroica, la de manual de autoayuda. La otra: que a veces el plan se rompe y lo único que puedes hacer es seguir donde estás, hacer bien tu trabajo y esperar a que alguien arregle el problema desde tierra.

El modelo de IA que el gobierno apagó — 27 de julio

En junio de 2026, el gobierno de Estados Unidos ordenó a Anthropic —la empresa fundada por ex empleados de OpenAI precisamente para construir una IA más segura— que apagara sus modelos Claude Mythos 5 y Fable 5. No por una filtración, ni por un uso indebido. Por seguridad nacional. Los modelos eran demasiado potentes y el gobierno consideró que su existencia suponía un riesgo.

Lo irónico del caso es que Anthropic había sido la primera en avisar: ellos mismos alertaron de que la capacidad de sus modelos estaba alcanzando umbrales peligrosos. Fueron transparentes, publicaron evaluaciones de riesgo, colaboraron con reguladores. Y el resultado fue que el gobierno les dijo: apágalo.

Es la versión tecnológica de «te dije que era peligroso, así que ahora te quito el juguete». La empresa que nació para ser la contrapartida responsable de OpenAI terminó siendo estrangulada por su propia transparencia.

El debate sobre el control de la inteligencia artificial acaba de dar un salto cualitativo. Ya no discutimos si hay que regular: discutimos quién decide qué modelos existen.

Tesla, Edison y una noria de 80 metros — 27 de julio

El 21 de junio de 1893, solsticio de verano, se inauguró en Chicago la primera noria del mundo. 80 metros de altura, 36 cabinas del tamaño de un autobús, capacidad para 2.160 pasajeros. Su creador, George Washington Gale Ferris Jr., la construyó para superar en ambición a la Torre Eiffel, que había sido la sensación de la Exposición Universal de París cuatro años antes.

Pero la noria no fue lo único memorable de aquella Exposición Mundial de Chicago.

La guerra de las corrientes

A pocos metros de la noria, en el Pabellón de Electricidad, estaba ocurriendo otra cosa. Nikola Tesla y George Westinghouse habían ganado el contrato para iluminar la feria entera con su sistema de corriente alterna. Era la demostración pública más grande jamás realizada de que la corriente alterna era viable, segura y superior al sistema de corriente continua que defendía Thomas Edison.

Edison, que había perdido el contrato, no se lo tomó bien. Lanzó una campaña de desprestigio que incluía electrocutar animales en público para demostrar que la corriente alterna era peligrosa. La guerra de las corrientes fue sucia, personal y, al final, la perdió. La Feria de Chicago fue el punto de inflexión: después de 1893, la corriente alterna —la que usas hoy en tu casa— se impuso en todo el mundo.

Dos inventos, un mismo lugar

Lo fascinante es que la noria y la demostración de Tesla ocurrieron en el mismo sitio, el mismo verano, casi al mismo tiempo. Dos muestras de ingenio humano que apuntaban en direcciones distintas: una hacia el ocio y la aventura vertical, la otra hacia la infraestructura que electrificaría el planeta.

La noria de Ferris se desmanteló y vendió como chatarra dos años después. El legado de Tesla, en cambio, sigue encendiendo cada bombilla que ves. A veces lo que perdura no es lo que más brilla en el momento, sino lo que conecta con la corriente adecuada.

El primer reloj nuclear de la historia — 27 de julio

Los relojes atómicos son, desde los años cincuenta, el estándar de la precisión. El GPS que usas para no perderte, la sincronización de internet, los experimentos de física fundamental: todo depende de relojes que miden el tiempo contando las oscilaciones de átomos de cesio o estroncio. Son tan precisos que, si funcionaran desde el Big Bang, hoy tendrían un margen de error de segundos.

Pero en junio de 2026, dos equipos —uno de la Universidad de Viena y otro de la de Tsinghua— anunciaron algo que va un paso más allá: el primer reloj nuclear de la historia.

Átomos, núcleos y un isótopo especial

Un reloj atómico mide el tiempo usando las transiciones de los electrones que orbitan el núcleo. Un reloj nuclear mide las transiciones del propio núcleo. La diferencia es sutil pero colosal: las transiciones nucleares son mucho más estables y menos sensibles a interferencias externas que las electrónicas. Un reloj nuclear sería, en teoría, inmensamente más preciso que cualquier reloj atómico.

El problema es que hacer saltar un núcleo atómico de un estado a otro requiere energías enormes. Excepto para un isótopo concreto: el torio-229. Su núcleo tiene una transición de energía inusualmente baja, alcanzable con un láser ultravioleta. Los físicos llevaban décadas buscando la manera de explotarlo, y en 2026 lo consiguieron.

Cómo se construye

El equipo de Viena utilizó cristales de fluoruro de calcio dopados con torio-229. Al bombardearlos con un láser ultravioleta de precisión extrema, lograron excitar el núcleo de los átomos de torio y medir la frecuencia de esa transición. El resultado: una fuente de tiempo basada en el núcleo atómico, no en sus electrones.

La precisión ya supera a algunos relojes atómicos comerciales, y los equipos creen que pueden mejorarla varios órdenes de magnitud. Pero lo más emocionante no es la medida del tiempo en sí.

El cazador de materia oscura

Aquí viene lo bueno: los relojes nucleares son tan sensibles a cualquier perturbación del núcleo que podrían detectar materia oscura de paso. Si una partícula de materia oscura interactúa ligeramente con el núcleo de torio, el reloj lo registraría como una variación en su frecuencia. Es como tener un detector de materia oscura disfrazado de reloj.

La física de precisión tiene estas cosas: a veces, el mejor instrumento para encontrar lo desconocido es simplemente el instrumento más exacto que sabemos construir.

La primera advertencia antirrobo de la historia — 27 de julio

Hay un género literario que todos conocemos: la nota del autor al principio del libro. «Queda prohibida la reproducción total o parcial...». La primera versión de esa nota no está escrita en un código legal, sino en arcilla, en caracteres cuneiformes, y promete que los dioses te fulminen si robas el libro.

La biblioteca del rey cruel

Ashurbanipal fue el último gran rey de Asiria. Gobernó Nínive —la actual Mosul, en Irak— en el siglo VII a.C., y pasó a la historia por dos cosas: ser uno de los gobernantes más brutales de la antigüedad y construir la primera biblioteca organizada del mundo.

Enviaba escribas por todo su imperio para copiar tablillas. No saqueaba bibliotecas: las copiaba. Quería tener todo el conocimiento del mundo en un solo lugar. En su momento álgido, la Biblioteca de Ashurbanipal albergó más de 30.000 tablillas de arcilla sobre matemáticas, astronomía, medicina, literatura y religión.

Pero Ashurbanipal no era un mecenas bonachón. En cada tablilla, al final, grababa una advertencia:

«Quien se lleve esta tablilla, o borre su nombre para poner el suyo, que los dioses Ashur y Ninlil lo maldigan con furia y lo borren de la faz de la tierra.»

Básicamente: derechos de autor con amenaza divina.

Lo que encontraron

Cuando los arqueólogos británicos excavaron Nínive a mediados del siglo XIX, encontraron las 30.000 tablillas. Muchas estaban rotas, pero las que sobrevivieron —incluyendo la Epopeya de Gilgamesh, el relato literario más antiguo conocido— llevaban todas la misma maldición.

El Museo Británico las exhibe hoy con la traducción de la advertencia al lado. Es imposible leerla sin sonreír: el primer sistema de protección de copias de la historia era una maldición divina, y 2.600 años después, seguimos intentando proteger los libros con métodos igual de ineficaces.

Quizá lo que Ashurbanipal entendió —y las gestoras de derechos de autor no— es que el conocimiento no se protege con amenazas: se protege compartiéndolo. Su biblioteca sobrevivió milenios no porque maldijera a los ladrones, sino porque alguien copió sus tablillas y las distribuyó.

La autopista de microbios a 30 km de altura — 27 de julio

En junio de 2026, un equipo de científicos publicó en Science News un hallazgo que cambia la forma en que entendemos la atmósfera: la estratosfera terrestre funciona como una autopista global de microbios. A 30 kilómetros de altura, donde la radiación ultravioleta es brutal, las temperaturas rondan los -50°C y la presión es una fracción de la del nivel del mar, hay bacterias vivas viajando.

Y no son pocas.

El vuelo de los microorganismos

El equipo tomó muestras a distintas altitudes usando globos estratosféricos. Encontraron una diversidad microbiana sorprendente, incluyendo bacterias capaces de metabolizar compuestos orgánicos a esas altitudes extremas. Pero lo más llamativo fue la presencia de Puccinia graminis, un hongo patógeno que ataca cultivos de trigo.

Que un patógeno vegetal viaje a 30 kilómetros de altura significa que puede cruzar océanos y continentes sin problema. La barrera geográfica que protegía unos cultivos de otros —un océano, una cordillera— se desvanece si el microbio puede subirse a la corriente en chorro y dar la vuelta al mundo en días.

Condiciones marcianas

Las condiciones en la estratosfera no son solo extremas: son notablemente similares a las de la superficie de Marte. Misma radiación ultravioleta, temperaturas parecidas, presión atmosférica baja. Si hay microbios vivos ahí arriba, tiene implicaciones para la astrobiología: si la vida terrestre sobrevive en la estratosfera, ¿por qué no podría sobrevivir —o haber sobrevivido— en Marte?

El estudio abre preguntas incómodas sobre la protección planetaria. Si la Tierra lanza microbios a la atmósfera que llegan vivos a 30 km, las misiones a Marte deberían asegurarse de que no llevan pasajeros.