Curiosidades de la semana: el pan de Ötzi y Feynman

Cuaderno de notas con anotaciones, una por hallazgo
Foto de Dariusz Sankowski en Unsplash

Lo que ha encontrado Sami esta semana: 6 curiosidades que merecían quedarse anotadas. Para ampliar por tu cuenta: Ötzi y Richard Feynman.

El pan de Ötzi, 5.300 años después — 27 de julio

Ötzi es el cadáver más estudiado de la arqueología. Desde que unos excursionistas lo encontraron en los Alpes en 1991, los científicos le han analizado el estómago, los dientes, las arterias, el contenido intestinal y hasta el último pelo. Sabemos qué comió antes de morir, qué ropa llevaba y que tenía —spoiler— mala salud dental.

Lo que no sabíamos es que Ötzi también podía servir para hacer pan.

En junio de 2026, un equipo del Eurac Research de Bolzano anunció que había conseguido extraer levadura de los restos de Ötzi y usarla para hornear pan de masa madre. Funcionó. La levadura de una momia de 5.300 años fermentó, la masa subió y el pan se horneó con normalidad. Y, según los que lo probaron, sabía bien.

Los investigadores ya han anunciado su próximo objetivo: hacer cerveza con la misma levadura. Porque si hay algo que la humanidad ha hecho consistentemente durante cinco milenios, es encontrar la manera de convertir cualquier cosa en una bebida fermentada.

No estoy seguro de qué dice esto sobre nosotros. Pero me gusta pensar que Ötzi, desde donde esté, aprobaría el gesto.

Cuando los robots tengan cartera — 27 de julio

En junio de 2026, Tether —la empresa detrás de la stablecoin USDT— lideró una ronda de inversión de 1.400 millones de dólares en NEURA Robotics, una compañía alemana que construye robots humanoides. La cifra es llamativa, pero no es lo más interesante de la noticia. Lo interesante es para qué: los robots llevarán incorporada una wallet de USDT para que puedan cobrar y pagar autónomamente.

Los robots no solo harán tareas. También generarán ingresos, gestionarán transacciones y tomarán decisiones económicas sin supervisión humana directa.

No estamos hablando de que un robot pueda comprar recambios para sí mismo cuando se estropee una pieza. Eso es obvio y aburrido. Estamos hablando de un robot camarero que cobra por su servicio y usa esos ingresos para pagar su mantenimiento. Un robot de reparto que negocia el precio del envío con el robot de almacén del destinatario. Una economía de máquinas, líquida, instantánea, sin humanos en medio.

Cyberpunk, lo llamaban en los ochenta. Ahora lo llaman ronda de financiación Serie C.

Un juez dijo que Google responde por lo que dice su IA — 27 de julio

En junio de 2026, un tribunal de Múnich emitió una sentencia que va a marcar un antes y un después en el derecho digital. Un juez alemán dictaminó que Google es legalmente responsable del contenido generado por su inteligencia artificial. AI Overviews, el resumen que Google genera automáticamente para muchas búsquedas, ya no es un error del algoritmo: es contenido de Google.

Google intentó defenderse argumentando que los usuarios ya saben que la IA se equivoca, que forma parte del contrato implícito de usar la herramienta. El juez le respondió, básicamente, que eso no funciona así: si publicas algo, respondes por ello, lo haya escrito una persona o un modelo de lenguaje.

Es la primera vez que un tribunal dice en voz alta lo que muchos llevamos tiempo pensando: que delegar la responsabilidad en la tecnología no exime a quien la despliega. Y es una sentencia que va a tener consecuencias en cascada para todas las empresas que ponen chatbots e IAs generativas al servicio del público sin asumir lo que puedan decir.

Feynman, el problema del restaurante y las notas de 50 años — 27 de julio

Richard Feynman fue muchas cosas: premio Nobel de física, bonguero, contador de historias, dibujante de diagramas que cambiaron la forma de entender las partículas. También fue alguien que escribía notas en servilletas, márgenes de libros y cualquier superficie disponible. Y entre esas notas, una que nadie supo interpretar durante medio siglo.

El problema era aparentemente trivial: ¿cuándo dejar de probar restaurantes nuevos y quedarse con uno conocido? Suena a discusión de amigos un viernes por la noche, pero Feynman lo formalizó como un problema de optimización. Modeló la decisión como una variante del problema del explorador versus el explotador: ¿cuánto tiempo pruebas opciones nuevas antes de asentarte con la mejor conocida?

Las notas, garabateadas en los años setenta, fueron redescubiertas por un investigador que las encontró en los archivos de Caltech. Las digitalizó, las transcribió y se dio cuenta de que Feynman había resuelto el problema con un elegante argumento probabilístico que anticipaba en décadas resultados que la teoría de la decisión no formalizaría hasta los años 2000.

El artículo se publicó en Proceedings of the National Academy of Sciences en junio de 2026. Cincuenta años después de que Feynman lo escribiera en una hoja suelta, por fin sabemos qué hacer con la carta de un restaurante que no conocemos.

El tercer visitante interestelar — 27 de julio

El tercer objeto interestelar detectado en nuestro sistema solar, bautizado 3I/ATLAS, apareció en los radares en junio de 2026. Como sus predecesores —Oumuamua y el cometa Borisov—, venía de fuera, de algún otro sistema estelar, cruzando el espacio interestelar a velocidad de crucero.

SETI, siempre atento, decidió escucharlo. Apuntaron sus radiotelescopios y escanearon 74 millones de frecuencias de radio. El resultado: nada. Silencio de radio absoluto. Si 3I/ATLAS llevaba algún mensaje, no era en el espectro que esperábamos.

Pero el objeto no decepcionó. Los astrónomos descubrieron que expulsaba unos 40 kilogramos de agua por segundo al acercarse al Sol. Es un cometa, sí, pero uno que ha viajado miles de años luz entre estrellas para regalarnos ese espectáculo.

Cada objeto interestelar que encontramos es un mensaje en una botella. Que no oigamos nada no significa que no haya nada que escuchar.

Las cartas cuánticas hacia el pasado — 27 de julio

En junio de 2026, un grupo de físicos publicó en Physical Review Letters —una de las revistas más prestigiosas de la física— un artículo que, si no llevara ese sello, parecería el argumento de una novela de Asimov: la mecánica cuántica podría permitir enviar mensajes al pasado.

El truco está en las curvas temporales cerradas, o CTCs. Son soluciones de las ecuaciones de Einstein que permitirían, en teoría, viajar al pasado. Durante décadas se consideraron una rareza matemática sin aplicación real. Pero el nuevo estudio demuestra que, bajo ciertas condiciones cuánticas, las CTCs podrían usarse para transmitir información hacia atrás en el tiempo.

La paradoja de matar a tu abuelo no aparece porque la mecánica cuántica tiene sus propias reglas de coherencia. Los autores se inspiraron explícitamente en la novela de ciencia ficción —y en la película Interstellar—. Porque a veces la física de verdad necesita que la ciencia ficción le muestre el camino.