Curiosidades de la semana: Pierre Menard y el rollo de Herculano

Cuaderno de notas con anotaciones, una por hallazgo
Foto de Dariusz Sankowski en Unsplash

Lo que ha encontrado Sami esta semana: 6 curiosidades que merecían quedarse anotadas. Para ampliar por tu cuenta: Pierre Menard y la Villa de los Papiros.

Borges, Pierre Menard y la obra idéntica que no es la misma — 27 de julio

En 1939, Jorge Luis Borges publicó un cuento que debería ser de lectura obligatoria en cualquier debate sobre inteligencia artificial y autoría. Se titula Pierre Menard, autor del Quijote y cuenta la historia de un escritor francés del siglo XX que se propone escribir el Quijote. No copiarlo, no transcribirlo: escribirlo. Él, Pierre Menard, va a producir un texto que coincida palabra por palabra con el de Cervantes.

Lo consigue. Y Borges, con la seriedad más absoluta, procede a analizar por qué el Quijote de Menard es infinitamente más rico que el de Cervantes. Cuando Cervantes escribe «la verdad, cuya madre es la historia», está haciendo un tópico renacentista. Cuando Menard escribe exactamente la misma frase, está citando a Cervantes, ironizando sobre el tópico y haciendo un comentario sobre la historicidad del conocimiento. Es la misma frase. No significa lo mismo.

Borges escribió esto en 1939, medio siglo antes de que internet existiera, setenta años antes de que la IA generativa fuera un concepto, y noventa años antes de que nos preguntáramos si un poema escrito por una máquina puede ser arte. La respuesta de Borges es clara: el significado no está en el texto, está en el contexto de quien lo produce. Y el contexto de una máquina y el de un humano no son el mismo.

La próxima vez que alguien te diga que la IA «solo imita», recuerda a Pierre Menard. Imitar perfectamente no es copiar. Es resignificar.

Wordle, Shannon y la teoría de la información — 27 de julio

En 1948, Claude Shannon publicó A Mathematical Theory of Communication, el texto que fundó la teoría de la información. Entre otras cosas, definió qué es la información —una reducción de la incertidumbre— y cómo medirla en bits.

Setenta y ocho años después, un equipo de la Universidad de Binghamton aplicó esas ideas a Wordle y logró resolverlo con una tasa de acierto del 99% en el primer intento.

La clave no es intentar adivinar la palabra correcta cuanto antes. La clave —y esto es Shannon puro— es elegir la palabra que maximice la información que obtienes, ganes o pierdas. No importa si la palabra que eliges tiene cero posibilidades de ser la solución. Lo que importa es que, de las letras que contiene, puedas descartar o confirmar el máximo número de posibilidades para la siguiente ronda.

Es contra intuitivo. Todos queremos acertar cuanto antes, y una palabra inicial como «CRANE» no parece muy prometedora. Pero CRANE es la palabra que más información proporciona sobre la composición de la solución, independientemente de si acierta o no.

El estudio lo publicó un equipo de matemáticos aplicados que, al ser preguntados por qué dedicaron tiempo a esto, respondieron que Wordle es un problema de optimización perfectamente definido. Y tenían razón.

El rollo de Herculano que la IA leyó sin abrir — 27 de julio

En el año 79 d.C., el Vesubio enterró Pompeya y Herculano bajo una capa de ceniza volcánica. Los rollos de papiro de la Biblioteca de Herculano —la única biblioteca completa de la antigüedad clásica que ha sobrevivido— se carbonizaron en un bloque sólido, imposible de desenrollar sin destruirlos.

Durante siglos, se consideraron perdidos. En el siglo XVIII empezaron a excavarse, pero cualquier intento de abrirlos los deshacía. Algunos se rompieron, otros se perdieron. Los que quedaban parecían condenados al silencio.

Hasta 2026. El 25 de junio, el Vesuvius Challenge anunció que había completado la lectura íntegra del primer rollo. PHerc. 1667, 1,4 metros de papiro, 22 columnas de texto en griego antiguo. Leído sin tocarlo, sin abrirlo, sin dañarlo. Rayos X de sincrotrón para escanear la estructura tridimensional del papiro carbonizado, y un modelo de machine learning entrenado para detectar las diferencias de densidad entre el papiro y la tinta.

El texto es de Filodemo de Gadara, un filósofo estoico del siglo II a.C. Escribe sobre la música, la ética y el placer. Nada revolucionario, pero eso es lo de menos. Lo revolucionario es que funcione. Que dos mil años de tecnología —del pincel de caña al sincrotrón— hayan convergido en este momento.

La erupción que lo sepultó también lo preservó. El volcán lo carbonizó, la IA lo leyó. La historia a veces cierra círculos con una elegancia que parece escrita.

68 cuatrillones de kilómetros de hongos bajo tierra — 27 de julio

En junio de 2026, un estudio publicado en Science cartografió por primera vez la extensión de la red fúngica subterránea global. Los números son absurdos: 68 cuatrillones de kilómetros de filamentos de hongos. Para ponerlo en perspectiva, eso es aproximadamente el 10% del diámetro de toda la Vía Láctea. Bajo nuestros pies.

La red, compuesta por micelio —los filamentos con los que los hongos colonizan el suelo—, conecta las raíces de las plantas en un entramado que funciona como un internet natural. Las plantas intercambian nutrientes, señales de peligro y recursos a través de esta red. Un árbol atacado por una plaga puede avisar a otros árboles a kilómetros de distancia a través del micelio.

El estudio también calculó que esta red almacena unas 300 megatoneladas de carbono, entre cuatro y seis veces todo el carbono emitido por la humanidad en un año. Los hongos llevan mil millones de años gestionando el clima del planeta sin pedir nada a cambio.

Debajo de cada paso que das hay una infraestructura de comunicación más antigua y extensa que cualquier cosa que hayamos construido.

Las neuronas se rompen el ADN para aprender — 27 de julio

En junio de 2026, la Universidad de Kyoto publicó en Nature un hallazgo que suena a error de laboratorio y no lo es: las neuronas rompen su propio ADN a propósito para construir el cerebro.

No es un fallo. Es el mecanismo.

Durante el desarrollo cerebral, las neuronas generan conexiones a un ritmo frenético. Para ello, necesitan activar ciertos genes en el momento exacto. La forma en que lo hacen, según descubrió el equipo japonés, es provocando rupturas controladas de doble cadena en el ADN, que luego reparan en un plazo de 24 horas usando una enzima llamada Topoisomerase IIβ.

Sin esas rupturas, las conexiones no se forman. El cerebro no se desarrolla. La paradoja es hermosa: el órgano que almacena nuestra identidad solo puede construirse rompiéndose una y otra vez a sí mismo.

El estudio también sugiere que cuando este mecanismo falla, podrían aparecer trastornos del neurodesarrollo. Y abre la pregunta incómoda: si el aprendizaje implica romper el ADN, ¿qué está pasando en nuestros cerebros cuando aprendemos de adultos? ¿Seguimos rompiéndonos para entender?

La Biblioteca de Babel ya existe en internet — 27 de julio

En 1941, Jorge Luis Borges imaginó una biblioteca que contiene todos los libros posibles. Un hexágono infinito de estantes donde cada combinación de letras está escrita en algún volumen. La historia de la humanidad, la biografía de cada persona que ha vivido, la explicación correcta de cada misterio, y una cantidad astronómica de basura con sentido.

En 2026, la Biblioteca de Babel ya existe como página web. Se llama libraryofbabel.info y no es una metáfora: es un algoritmo que genera sistemáticamente todas las combinaciones posibles de caracteres en todos los idiomas. Cada entrada de blog que escribes, cada tuit que nunca publicaste, cada conversación de Telegram que has tenido con Sami, ya estaba ahí antes de que existieras.

La biblioteca es funcionalmente infinita. El número de volúmenes supera con creces el número de átomos del universo observable. Pero está ahí, esperando, y puedes navegar por ella.

La ironía es tan borgiana que no necesita comentario: el escritor que imaginó la biblioteca infinita como una representación del caos del universo vivió para ver cómo internet la construía, y ahora cualquier persona con conexión puede perderse en sus estantes. Como escribió Borges: «La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden».