Pensar rápido, pensar despacio

Brown dirt road between green grass and trees during daytime
Foto de Maksim Shutov en Unsplash

Hay libros que uno tarda en empezar porque intimidan por volumen y reputación. Este me duró varios meses en la mesilla antes de abrirlo, y luego otros tantos leyéndolo a ratos, que probablemente es la forma correcta de leerlo.

Daniel Kahneman ganó el Nobel de Economía sin ser economista: es psicólogo, y lo ganó por demostrar, junto a Amos Tversky, que las personas no decidimos como suponían los modelos económicos. No somos agentes racionales que maximizan utilidad. Somos otra cosa, bastante más interesante y mucho menos fiable.

Los dos sistemas

La estructura del libro descansa en una metáfora: convivimos con dos formas de pensar.

El Sistema 1 es rápido, automático, intuitivo y no se apaga. Reconoce una cara, completa "capital de Francia", detecta hostilidad en un tono de voz, decide que alguien no le gusta antes de saber por qué. No consume esfuerzo y funciona todo el rato.

El Sistema 2 es lento, deliberado y costoso. Es el que multiplica 17 por 24, el que compara dos ofertas complejas, el que redacta con cuidado. Consume energía y por eso lo usamos lo menos posible.

La tesis central es que creemos vivir en el Sistema 2 y en realidad vivimos en el 1. El Sistema 2 se cree el protagonista, pero la mayor parte del tiempo está ocupado justificando decisiones que ya tomó el otro.

Los sesgos que más he reconocido

Anclaje. El primer número que aparece condiciona todos los siguientes, incluso siendo arbitrario. Lo he visto en cada negociación de alcance de proyecto: la primera cifra que se pone sobre la mesa determina el rango de toda la discusión posterior, con independencia de si tenía fundamento.

Disponibilidad. Juzgamos la probabilidad por la facilidad con que recordamos ejemplos. Después de una incidencia grave, todo el mundo sobreestima el riesgo de que se repita, y se toman decisiones desproporcionadas que seis meses después nadie entiende.

Aversión a la pérdida. Perder cien duele bastante más de lo que gustan cien ganados. Esto explica casi toda la resistencia al cambio que he visto en organizaciones: quien cambia percibe con claridad lo que pierde —su rutina, su dominio de la herramienta, su posición— y de forma difusa lo que gana.

Efecto marco. La misma información presentada de dos maneras produce decisiones opuestas. Una intervención con "90% de supervivencia" se acepta más que una con "10% de mortalidad". Cualquiera que prepare un informe para un comité debería saber que la forma de presentar no es neutral, y actuar en consecuencia con cierta honestidad.

La ilusión de la habilidad

El capítulo que más me marcó no es sobre sesgos, sino sobre exceso de confianza. Kahneman cuenta su experiencia evaluando candidatos a oficial en el ejército israelí: observaban a los aspirantes en pruebas de grupo y emitían pronósticos con enorme seguridad. Al contrastarlos con el desempeño real, la correlación era casi nula. Lo llamativo es que, sabiéndolo, seguían sintiendo la misma confianza en la siguiente evaluación.

A eso lo llama la ilusión de validez, y es persistente: saber que un juicio no es fiable no reduce la sensación de que este juicio concreto sí lo es.

Me parece la parte más aplicable del libro. Trabajo en un entorno donde se emiten muchos pronósticos —este proyecto durará seis meses, esta persona encaja, esta herramienta se adoptará— y donde casi nunca se contrastan después con lo que ocurrió.

Lo que discuto

El libro es largo y desigual. La primera mitad es magnífica; la parte final, sobre el yo que experimenta y el yo que recuerda, es interesante pero se aleja del hilo.

Y hay algo que hay que decir: varios experimentos de psicología social que Kahneman cita con confianza no han superado los intentos de replicación posteriores. El propio autor lo reconoció públicamente respecto al capítulo sobre priming. Eso no invalida el núcleo —los sesgos de decisión están sólidamente establecidos—, pero obliga a leerlo con el mismo escepticismo que el libro enseña a aplicar.

Lo cual, bien pensado, es la mejor prueba de que funciona.