Nunca mientas, y la lectura sin provecho

Woman reading book while sitting at window
Foto de Yuri Efremov en Unsplash

Casi todo lo que reseño aquí tiene una excusa profesional. Libros de gestión, de tecnología, de ciencia, ensayos que dejan algo aplicable. Es una deformación que reconozco: leo buscando qué me llevo.

Este mes he leído Nunca mientas, de Freida McFadden, un thriller doméstico de los que se venden por millones, y me apetece escribir precisamente porque no me llevo nada.

De qué va

Una pareja joven se queda atrapada por una tormenta de nieve en una casa aislada que están visitando con idea de comprarla. En el desván aparecen unas cintas: las grabaciones de las sesiones de una psiquiatra que vivió allí y desapareció sin dejar rastro.

A partir de ahí, el mecanismo habitual del género. Capítulos cortos, un giro al final de cada uno, dos líneas temporales que se van acercando y una revelación final que reordena todo lo anterior.

Funciona. Me lo leí en dos tardes, una de ellas hasta bastante más tarde de lo razonable, que es exactamente lo que este tipo de libro promete.

La maquinaria

Como artefacto tiene su interés. McFadden es médica de profesión y escribe con una eficacia notable: no hay una sola descripción que no empuje la trama, ni un capítulo que termine sin dejar algo abierto.

Los personajes son funcionales más que profundos. La protagonista existe para tomar las decisiones que la trama necesita, y en algún momento esas decisiones son bastante inverosímiles, de las de gritar al libro que no baje al sótano. El giro final, si uno lo piensa dos minutos después de cerrarlo, tiene alguna costura visible.

Pero mientras se lee, no lo piensas. Y esa es toda la habilidad.

Lo que quería decir

Llevo tiempo dándole vueltas a una cosa. En el discurso sobre productividad y desarrollo profesional, la lectura aparece siempre como inversión: leer para aprender, para estar al día, para mejorar. Se recomiendan listas de libros que todo directivo debería leer. Se mide en libros al año.

Y creo que ese marco estropea algo.

Cuando leer se convierte en una tarea con rendimiento esperado, se lee mal. Se subraya buscando lo aprovechable, se abandona lo que no aporta, se aceleran las partes que no rinden. Se convierte en otra forma de trabajo, y el descanso que había en ello desaparece.

Este año he vuelto a leer cosas sin ninguna utilidad, y he recuperado algo que había perdido: la lectura que no lleva a ningún sitio. Una novela mala y adictiva un domingo por la tarde no me hace mejor profesional, y no tiene por qué.

Contra el aprovechamiento

Escribí hace un tiempo sobre la sociedad del rendimiento y sobre la dificultad de estar sin producir nada. Esto es una manifestación pequeña de lo mismo. Nos cuesta hacer cosas que no sumen.

He conocido a bastante gente que ha dejado de leer ficción porque "no le saca partido". Y me parece un empobrecimiento notable, disfrazado de eficiencia.

Además, sospecho que es falso incluso en sus propios términos. Buena parte de lo que uno entiende sobre las personas —motivos, contradicciones, cómo se justifica alguien a sí mismo lo que hace— viene de la ficción, no de los manuales. Simplemente no se puede trazar la línea entre el libro y el uso, que es lo que exigimos para llamarlo aprovechable.

Conclusión

Nunca mientas no es un buen libro. Es un producto muy bien hecho.

Y la única recomendación que se me ocurre es la que menos encaja en un blog como este: léelo si te apetece pasar dos tardes sin pensar en nada útil. No hace falta más justificación.

Después de todo, nadie exige que un paseo tenga un objetivo.