Hace un año escribí que 2023 había cambiado las preguntas. Este ha sido el año de empezar a contestarlas, con menos épica y más trabajo.
De la demostración al proceso
En 2023 las conversaciones que tenía sobre IA generativa eran exploratorias: qué es esto, qué puede hacer, hasta dónde llega. Este año han cambiado de naturaleza. Ahora son sobre integración, sobre datos, sobre quién revisa, sobre qué pasa con la información que introducimos y sobre si compensa.
Es una conversación mucho menos emocionante y bastante más útil. Es la señal de que una tecnología deja de ser novedad y pasa a ser herramienta: cuando empieza a discutirse su coste.
También he visto los primeros proyectos abandonados. No por fracaso técnico, sino por la razón habitual: la herramienta funcionaba y el proceso que debía usarla no se rediseñó, con lo cual acabó siendo un paso adicional sobre lo que ya se hacía.
Lo que he aprendido este año
El cuello de botella se ha movido, no ha desaparecido. Producir borradores es ahora muy barato. Revisarlos no. En varios equipos he visto aumentar la producción de documentos y, con ella, la carga de quien tiene que validarlos. El ahorro se contabiliza donde se produce y el coste aparece donde se revisa, que suele ser otro sitio y otra persona.
El valor está en el contexto propio. Las capacidades genéricas están al alcance de todos y no diferencian a nadie. Lo que diferencia es lo que solo tú tienes: tus datos, tu histórico, tu conocimiento de cómo funciona esta organización. Los proyectos que han rendido algo este año son los que han trabajado sobre eso.
La confianza se gasta rápido. Un error de un sistema automático destruye más confianza que veinte aciertos la construyen. Y una vez que un equipo ha decidido que la herramienta no es fiable, recuperarlo cuesta muchísimo. Por eso empezar por lo pequeño y verificable no es timidez: es estrategia.
Lo que sigue sin resolverse
Insisto en lo que ya me preocupaba hace un año, porque no ha mejorado: el escalón de entrada a las profesiones.
Las tareas que se están delegando primero son las de menor cualificación dentro de cada oficio, que eran también las que servían para aprenderlo. Redactar el primer borrador, hacer el resumen, preparar la comparativa. Si esas tareas desaparecen, no está claro por dónde entra quien empieza.
He preguntado esto en varias conversaciones este año y la respuesta más común es que ya se verá. Sospecho que se verá dentro de cinco o seis años, cuando falte una generación intermedia y nadie relacione una cosa con la otra.
Lo personal
Este año he escrito bastante más que el anterior, y no por casualidad. Escribir se ha convertido en la forma que tengo de asegurarme de que he entendido algo. Cuando delego la redacción, obtengo un texto; cuando escribo, obtengo una opinión, que es distinto y me interesa más.
También he leído más y mejor. Hay una relación directa entre las dos cosas: cuanto más rápido es posible producir texto, más valor tiene haber leído despacio.
Para el año que viene
No voy a hacer predicciones sobre capacidades técnicas, porque las que hice otros años se cumplieron mal.
Sí tengo una convicción: la ventaja no va a estar en el acceso a la herramienta, que será universal y barato. Va a estar en saber qué preguntarle, cómo comprobar lo que responde y qué hacer cuando se equivoca.
Eso es criterio. Y el criterio sigue costando años.
Una cosa que me ha sorprendido
No esperaba que el debate se desplazara tan rápido hacia lo jurídico y lo organizativo, y me parece una buena señal.
Este año, en las reuniones donde antes se hablaba de capacidades, se ha empezado a hablar de otra cosa: qué pasa con los datos que introducimos, quién responde si el resultado es erróneo, si podemos usar esto en un procedimiento con efectos sobre terceros, cómo queda la trazabilidad.
Son preguntas menos atractivas y son las que determinan si algo se puede usar de verdad en el sector público. Que hayan aparecido significa que hemos dejado la fase de la curiosidad y hemos entrado en la de la responsabilidad.
Vamos con retraso respecto a la tecnología, como siempre. Pero al menos vamos en la dirección correcta, que no siempre ha sido el caso con otras olas anteriores.
Buen final de año a quien lea esto.