Un capítulo que se cierra, una novela que sigue

La vida, como una buena novela, la escribimos por capítulos. Cada uno tiene sus momentos, sus desafíos y, a veces, sus puntos y aparte. Paréntesis y momentos que hablan de cambios. Algunos forzados, otros provocados y otros incluso anhelados...

Hace años recuerdo que me enfrenté a uno de esos momentos. En aquel momento fui yo quien decidió cerrar un capítulo y comenzar el siguiente. En otros momentos la decisión la tomaron por mí, y en otros fue el natural devenir de las cosas el que se encargó de dejar claro que había terminado un episodio y que tocaba comenzar a escribir el siguiente.

Porque de eso va la vida. De episodios, capítulos y etapas que se suceden unas a otras. Es lo que he aprendido tras leer numerosas biografías de grandes personalidades, un género que me encanta leer y del que aprendo mucho.

Conecting the dots

Aunque ya hace ya años que leí la biografía de Steve Jobs de Walter Isaacson, la relevancia del personaje hace que sus enseñanzas estén presentes en la actualidad.

En el conocido discurso que Steve Jobs dio en la universidad de Stanford en 2005 habla del concepto unir los puntos, un asunto al que el autor recurre en el libro en varias ocasiones para explicar momentos concretos de su vida.

Para alguien racional y enfocado en el aprendizaje y evolución continua como yo, ésta es una de las lecciones que más me costó aceptar del libro.

Entender que algo inconexo podía tener sentido en el futuro, y que sólo mirando hacia el pasado tenía sentido, hacía que me explotara la cabeza. Para mí, en mi cabeza, no era posible.

Con el tiempo he aprendido a sorprenderme por la cantidad de veces que me vuelve a la mente esta idea, refutándose una y otra vez, como un mantra que me persiguiera por mi incredulidad inicial.

La confianza es la gasolina que mueve el motor del cambio

Con este concepto Jobs nos habla más de confianza y fe, casi mística, que de hechos o razones objetivas para creerlo.

Steve Jobs arengaba a los estudiantes a confiar en que sus experiencias tendrían sentido y que de esto se darían cuenta cuando, en un futuro indeterminado, miraran hacia atrás y asociaran lo que les ocurre en el presente con cuestiones que tienen su origen en hechos concretos del pasado que no tienen porqué tener una relación causal entre ellos.

Es así como se conectan los puntos. Con cada cambio, con cada nueva experiencia, escribimos nuevas páginas de nuestra historia. Una historia en la que nos pasaremos toda la trama reinventándonos una y otra vez, en una evolución constante fruto de la deriva de la suma de las experiencias pasadas con lo que nos ocurre en el presente.

La vida se convierte así en un laboratorio de experimentación constante en la que lo único que se muere es lo que se queda quieto, inmutable e inerte.

El cambio, aunque a veces incómodo, es necesario y deseable. Nos empuja a abrazarlo, a adquirir nuevas competencias y a mirarlo desde otras perspectivas.

Y para eso sólo necesitamos una cosa: confianza en nosotros mismos, en nuestras experiencias pasadas y en los resultados derivados de su impronta en nuestras decisiones: de hoy, de mañana y del mañana.

Sólo así podremos mirar a ese futuro borroso con optimismo y la certeza de que nos deparará cosas increíbles, aunque hoy, todavía no seamos capaces de unir los puntos que lo compondrán.