Personalizando(me) mi programa formativo

Nunca fui un buen estudiante, o al menos no conforme a los estándares tradicionales.

Durante el colegio y la primera etapa del instituto obtenía buenas notas sin demasiado esfuerzo. En la segunda parte descubrí la adolescencia y me dejé llevar por ella, hasta que comprendí que divertirse y atender a las obligaciones académicas no eran caminos opuestos.

Siempre he sido una persona curiosa e inquieta por naturaleza. Me cuestiono todo y, entre esas preguntas, siempre hubo una que giraba en torno a la enseñanza, que de alguna manera siempre ha sido una de mis vocaciones.

Estudié en un colegio comarcal, donde la mitad de los alumnos asistían porque era obligatorio, y la otra mitad porque sus familias creían que era el camino hacia la universidad, que era un objetivo en sí mismo para ellas.

Vocación postergada

Desde niño supe que quería programar. Aprendí con ocho años, utilizando un lenguaje tan limitado como fascinante: Locomotive BASIC. Aquel pequeño universo de comandos y secuencias me permitió entender qué era una instrucción, un algoritmo y cómo un conjunto ordenado de sentencias y comandos podía transformarse en un programa. Recuerdo pasar tardes copiando los códigos que venían en las revistas de informática, modificándolos para descubrir hasta dónde podía llevarlos.

Sin embargo, cuando quise dedicarme a la programación, tanto mis padres como mis profesores se alarmaron. Pensaban que dejar el instituto para cursar FP era desperdiciar mi potencial. Cedí, y seguí el camino académico convencional, aunque dentro de mí esa vocación quedara intacta.

El sistema educativo, sin quererlo, me alejó de aquello que más quería estudiar. Finalmente, decidí dar un giro y estudiar algo completamente distinto: Historia del Arte.

Durante mis años de universidad pude comprobar de primera mano que los planes y metodologías de estudio, tal y como están concebidos en España, en la universidad, el instituto o el colegio, no pueden aspirar a ser eficaces para una gran mayoría de los alumnos.

Metodologías obsoletas vs eficaces

El sistema se centran más en la memorización que en el pensamiento crítico, en repetir que en crear. El sistema premia la capacidad de recordar, no la de innovar.

Mi percepción cambió por completo cuando cursé mi segundo año de doctorado en la Universidad de Viena. Allí descubrí otra forma de aprender: una en la que no existen los apuntes dictados, sino los libros, el debate y la autonomía.

Los profesores trazaban un camino, pero eran los alumnos quienes debíamos recorrerlo, leer, interpretar, discutir y construir conocimiento propio. La creatividad, la reflexión crítica y la capacidad de síntesis eran los verdaderos indicadores del aprendizaje.

Esa experiencia me hizo entender que la educación debería ser, ante todo, un proceso de descubrimiento personal. Un espacio donde el alumno aprende a seleccionar, comprender y transformar el conocimiento, guiado por la curiosidad que lo mueve.

Formación a medida

Cada persona somos de una forma diferente aprendemos de una forma diferente, y conforme nos hacemos mayores y acumulamos diferentes experiencias, vivencias, etc. esas diferencias todavía se acentúan más.

Plantearse que no metodología de formación para adultos es estándar es no entender nada de los fundamentos básicos del aprendizaje del ser humano.

Podemos buscar metodologías muy uniformes para formar a niños pequeños. Pero conforme las personas van evolucionando aprendiendo y evolucionando la necesidad de personalización se hace cada vez más necesaria si queremos que sea eficaz.

Experimentando con IA

Esta semana he estado "jugando" con la IA de Claude y le he pedido que me diseñe un programa de formación para en un desarrollador de software.

Después de una serie de iteracciones precisando el perfil de la persona, detallando sus conocimientos de programación, su experiencia en el sector y la finalidad para la que quiere formarse, me ha propuesto un itinerario formativo 100 % adaptado a sus necesidades.

Entonces se me ha ocurrido que podría adaptar la metodología de estudio que yo experimenté en la universidad de Viena, y le he pedido que subdivida esos bloques de contenido en libretas.

Una vez lo tenía dividido le he pedido que me seleccionara para cada una de ellas las mejores fuentes que era capaz de encontrar en internet, con la premisa de que tenían que ser de fuentes academicas, ser actuales y tener cierto reconocimiento dentro del sector del desarrollo de software.

Me ha hecho 32 libretas y me ha propuesto una serie de fuentes, que me ha clasificado por criterio de calidad.

El futuro de la formacion es la personalización... o no será

Para mí ha sido como la estantería del profesor HAIKU en la asignatura de arquitectura contemporánea que hice en la Universidad de Viena.

Con la diferencia de que yo no soy el profesor HAIKU, ni un experto en ingeniería informática, y yo mismo me he compuesto un programa formativo a medida con contenidos adaptados a mis necesidades y conocimientos previos para que no tenga que perder el tiempo en aprender cosas que ya se, o que no me iban a aportar nada porque no estaban dentro de mis objetivos de aprendizaje.

No sé cómo será el futuro de la formación, porque no soy buen adivino ni aspiro a serlo, pero sí que tengo motivos para sospechar que se parecerá más a algo como lo que acabo de describir, que como a lo que yo experimenté en la universidad en la que me titulé.