Recientemente en una conversación con padres de niños en edad escolar hablando sobre selectividad, asignaturas y notas de corte, alguien mencionó que la historia o la filosofía no eran importantes, que la clave estaba en las demás.
Y lo curioso es que esto surgió en la misma conversación en la que hablábamos como la IA generativas, la desinformación y las redes sociales estaban matado el espíritu crítico de nuestros hijos…
En un momento en el que el humanismo es más necesario que nunca para generalizar el pensamiento crítico en una sociedad deslumbrada por la tecnología, es muy difícil que un ciudadano medio prefiera sentarse a pensar o reflexionar, pudiendo dejarse seducir por el último SOTA del mundo de la IA.
Una demo en la que un influencer/experto en IA generativa cuenta tres casos de uso, es capaz de hacer creer a cualquiera que puede ser programador, artista o escritor de éxito.
Y no sólo eso, sino que con un poco de dominio de una herramienta de automatización te puede hacer creer que todo se hará sólo, y conseguirte ingresos extra mientras tu cerebro "gestiona" el torrente de dopamina segregado mientras admiras tamaña proeza.
Sentarse a pensar puede generar inquietud, miedo, duda, ansiedad… Incertidumbres que generan un cortisol al que nos volvemos cada vez más reacios, y que procuramos evitar a toda costa.
En este ecosistema social, el ocio se ha convertido en una industria permanente que coloniza el tiempo, adormece la inquietud y empuja a consumir entretenimiento sin pausa, a menudo a costa de la reflexión pausada y del esfuerzo.
No es casual que, al mismo tiempo, muchos cuestionen el valor práctico de las humanidades y las releguen a un lujo prescindible en los planes educativos.
### Por qué importan las humanidades
Las humanidades —filosofía, historia, literatura, artes, pensamiento social— proporcionan algo que ningún avance técnico puede ofrecer por sí solo: la capacidad de interpretar críticamente el mundo, comprender el pasado y anticipar las implicaciones morales de nuestras decisiones… ¡casi nada!
Estudios recientes subrayan que estas disciplinas entrenan, además del pensamiento crítico, la empatía, el análisis complejo y la argumentación, habilidades consideradas esenciales en los entornos profesionales del futuro.
Frente a la lógica del clic y la recompensa inmediata, las humanidades enseñan a convivir con la complejidad, a aceptar la ambigüedad y a desconfiar de las soluciones simples a problemas difíciles con las que nos "seducen" los influencers de turno en las sesiones de scrol infinito…
Son, además, un antídoto contra el olvido. Nos recuerdan que otras sociedades también creyeron vivir en la cúspide del progreso y se vieron arrastradas por el dogmatismo, la manipulación y la injusticia, precisamente en épocas en las que descuidaron la reflexión crítica o la cultura.
De ambas situaciones tenemos ejemplos en nuestra historia, con épocas como el renacimiento, o la ilustración, como épocas que sobresalieron por el florecimiento de las artes, la ciencia y el conocimiento.
Otras etapas como las guerras de religión, o la época de entreguerras del siglo XX se caracterizaron por el desprecio a la educación, la propaganda o el entretenimiento de masas, como consecuencia de desórdenes políticos e ideológicos, desigualdades extremas o épocas de violencia extrema entre países.
Cuando la ciudadanía deja de leer, debatir y pensar en profundidad, crece la tentación de delegar las decisiones en quienes prometen seguridad rápida y soluciones a los problemas demasiado sencillas.
Con profunda tristeza creo que no es tiempo para humanistas. Nos enfrentamos como humanidad a decisiones importantes en mundo de la tecnología, que van a marcar en qué nos vamos a convertir.
Y ahora, precisamente cuando es más importante que estas estrategias y decisiones estén dictadas bajo parámetros humanísticos, nos encontramos con un poder económico y político que está muy lejos de parecerse a Leonardo da Vinci.