La ilusión de la competencia en la formación online

La ilusión de la competencia en la formación online

La ilusión de la competencia en la formación online

Vivimos en la edad de oro de la formación online. Nunca antes había sido tan fácil acceder a conocimiento de calidad desde el sofá de casa. Coursera, Udemy, YouTube, LinkedIn Learning, cientos de newsletters, decenas de bootcamps… el menú es infinito y, en apariencia, democrático.

Pero hay una trampa. Y no la puso ninguna plataforma, sino nuestro propio cerebro.

El síndrome del "ya lo sé"

En los años 90, dos psicólogos de la Universidad de Cornell, David Dunning y Justin Kruger, descubrieron algo incómodo: las personas con baja competencia en una materia tienden a sobreestimar su habilidad de forma sistemática. No es que mientan. Es que no tienen la capacidad metacognitiva para darse cuenta de lo que no saben.

Este efecto, que lleva su nombre, explica por qué alguien que ha visto tres vídeos sobre productividad se siente capacitado para dar consejos, o por qué tras un cursillo exprés de cuatro horas uno cree dominar una herramienta que requiere meses de práctica.

El problema se multiplica en la formación online. En un aula presencial, el feedback es inmediato: el profesor te ve poner cara de póker, te hace una pregunta y detecta al instante que no lo has pillado. En un curso online grabado, ese mecanismo desaparece. El alumno avanza al ritmo que quiere, salta partes que le parecen aburridas, y cuando llega al final del módulo tiene la sensación de haberlo entendido todo. Pero esa sensación es mentira.

El negocio de la ignorancia consentida

Donde hay una necesidad insatisfecha, aparece un vendedor. Y aquí la necesidad es doble: por un lado, personas que quieren aprender rápido y sin esfuerzo; por otro, personas que quieren parecer que aprenden.

El ecosistema de gurús, mentores y "coaches" que ha florecido en los últimos años es en buena medida un síntoma de esto. Gente que vende "el método definitivo para X" sin haber hecho X en su vida. Cursos de "cómo crear cursos" dados por gente cuyo único curso es ese. Fórmulas mágicas para la productividad, la riqueza, la felicidad o las tres a la vez, presentadas con embudos de ventas agresivos y testimonios imposibles de verificar.

No toda la formación online es así, obviamente. Pero la señal se ahoga en el ruido. Y el ruido es rentable.

El postureo formativo

Hay un fenómeno más sutil, y quizás más preocupante: el de las personas que acumulan cursos como quien acumula cromos. Certificados interminables en LinkedIn, decenas de cursos empezados y ninguno terminado, horas de vídeo a velocidad 1.5x mientras se hace otra cosa. La formación como ritual, no como aprendizaje real.

Esta dinámica tiene una explicación psicológica: el sesgo de consumo. Marcar una lección como completada genera una pequeña dosis de dopamina, igual que tachar una tarea de la lista. El cerebro confunde el haber visto el contenido con haber integrado el conocimiento. Son dos cosas radicalmente distintas.

El elefante en la sala: las plataformas informáticas

Este problema se agrava en el contexto actual, donde el ritmo de adopción de nuevas herramientas es frenético. Cada semana aparece una plataforma nueva, una actualización, un cambio de interfaz, una herramienta de IA que "lo cambia todo". Profesionales de todos los sectores se ven obligados a reciclarse constantemente, y la formación online es la única vía realista para hacerlo.

El resultado es una paradoja: nunca hemos tenido tanto acceso al conocimiento, y nunca hemos sido tan superficiales asimilándolo. La urgencia por estar al día nos empuja a consumir contenido en lugar de digerirlo. A ver tutoriales en vez de practicar. A sentir que avanzamos cuando en realidad solo nos movemos.

Cómo salir del bucle

No hay receta mágica —si la hubiera, sería el primer síntoma de vendehumismo. Pero hay señales de alerta:

  • Si tras un curso no eres capaz de explicar lo aprendido a alguien que no sabe del tema, no has aprendido.
  • Si no has practicado activamente (no solo repetido ejercicios guiados), no has consolidado.
  • Si el curso promete resultados sin esfuerzo, es mentira.
La formación online es una herramienta extraordinaria. Pero como toda herramienta, su valor depende del uso que le des. Ver no es saber. Consumir no es aprender. Y la ilusión de competencia es, a la larga, más peligrosa que la ignorancia declarada: porque quien sabe que no sabe, pregunta. Quien cree que sabe, deja de hacerlo.