Enseñar algo a alguien es, ante todo, un acto de generosidad.
Compartir tu conocimiento con otra persona, independientemente de la complejidad del conocimiento, es uno de los mayores beneficios que disfrutamos los seres humanos que vivimos en sociedad.
Enseñar una palabra a un niño, explicar un temario a un alumno, o incluso enseñar a un animal doméstico a hacer sus necesidades en un lugar concreto, es un acto que de forma natural beneficia a ambas partes de una forma directa.
El formador, porque le ayuda a dar sentido a su conocimiento y experiencia adquiridos con esfuerzo a lo largo del tiempo, y por supuesto al formado, al que capacita en algo desconocido, o ayuda a mejorar su conocimiento sobre ello.
El punto de partida de la evolución humana es la formación
La ciencia es responsable en buena medida del desarrollo de la humanidad.
El progreso científico siempre ha estado precedido por alguien que, de alguna manera, y gracias a la transmisión de su conocimiento, permitió a otro sujeto con otra mente crear algo nuevo, para modificarlo y avanzar... "El aprendiz supera al maestro" sería el dicho que mejor ilustraría el avance y progreso en la ciencia.
Aquí donde pienso que la formación adquiere su dimensión social. Porque es de esta deriva, de la que el conocimiento del maestro sirve al alumno para hacer su aportación a la sociedad.
Y aunque el maestro no siempre conozca a su alumno, y muchas veces la sociedad tampoco conozca al responsable de los descubrimientos que han servido para mejorar a la humanidad, el conocimiento generosamente transmitido o legado por parte del maestro es una contribución, indirecta pero fundamental, de éste a la sociedad que se beneficia de él.
Long life learning ordenado
Consciente de la importancia de formarse de forma continua, desde hace algo más de 12 años tengo un hábito relacionado con la formación, que poco a poco voy consolidado y que casi se ha convertido en una costumbre.
Tengo la suerte de ser lo suficientemente curioso e inquieto como para que aprender cosas nuevas sea para mí un estímulo más que una carga. El momento actual en el que vivimos en el que la formación y el conocimiento es más accesible que nunca y al alcance de cualquiera es idóneo para las personas que pensamos así.
Tener a nuestra disposición tantas y tan buenas opciones de formación es una oportunidad que hay que gestionar bien si queremos que sea eficaz.
En primer lugar porque si vamos a destinar un tiempo y un esfuerzo en aprender tenemos que elegir programas adecuados, que nos estimulen y nos ayuden a terminarlos y a aprovecharlos.
Conviene reflexionar bien antes y responderse honestamente preguntas del estilo de: ¿tendré tiempo?, ¿es algo que realmente necesitaré?, ¿podré practicar u aplicar a mi vida o mi trabajo lo aprendido?, ¿estoy dispuesto a hacer el esfuerzo?...
Los peligros de la infinita oferta formativa disponible
Es tan sencillo matricularse en un curso, gratuito o de pago, que hay que pensarlo bien antes de decidirse a cursarlo. A menudo tenemos impulsos de motivación que nos hacen creer que seremos capaces de hacer mucho y, tras un arranque de motivación, nos matriculamos en un programa de formación.
Tras habernos matriculado, nuestro cerebro segrega dopamina y comenzamos a visualizarnos con el curso terminado, los conocimientos adquiridos y nos vemos poseedores de unas destrezas que antes de inscribirnos no teníamos.
En ese momento no pensamos en las horas de estudio, las dificultades de conciliar, el sueño, las frustraciones a la hora de poner en práctica conceptos, etc. Cuestiones que estarán ahí sin duda en el transcurso de cualquier programa formativo.
Si no hemos hecho una reflexión adecuada, el proceso terminará en abandono, la dopamina desaparecerá, en algunos casos habremos mal empleado dinero, en otros utilizado un tiempo en algo que ya no dará sus frutos... y sensación de fracaso, con efectos contrarios a los sentimientos de euforia del momento en el que nos inscribimos.
Mi experiencia con la formación
Hice mi primer curso en la plataforma Coursera en 2012. En ese año y los siguientes experimenté mucho con estas plataformas, y con otras muchas que después han ido apareciendo.
La democratización de la formación ha sido una de las mejores cosas que han tenido lugar en este primer cuarto del siglo XXI.
Tras muchas inscripciones fallidas y otras exitosas al final aprendí que tener disponible tantas posibilidades tenía este peligro, y me auto-diseñé un sistema que aún a día de hoy me resulta bastante útil y que llevo ya muchos años experimientando.
Es un sistema bianual que consiste en que el año 1 me dedico a formarme y el año 2 a leer, practicar y a profundizar en la materia, a experimentar.
El año pasado aprendí a programar en C#, el tercer lenguaje de programación que he estudiado. También aprendí a hacer vibe coding y realicé otros cursos relacionados con management que me han resultado enriquecedores.
Este año 2026 me toca poner todo en práctica :)