Mi primer trabajo con contrato fue en McDonald's. El onboarding consistía en ver una serie de vídeo-manuales (en aquella época, en VHS) sobre los distintos puestos.
Recuerdo especialmente uno dedicado a cómo relacionarse con los compañeros: insistía en que siempre solicitáramos las cosas con un “por favor” y que diéramos las gracias cada vez que nuestra acción afectara o implicara a otra persona.
En aquel momento no le di importancia. Me pareció un formalismo, algo que estaba bien decir en los vídeos, pero que imaginaba que luego nadie aplicaría. Me equivoqué.
El primer día de trabajo, escuchaba por todas partes “gracias”, “por favor”, “cuando puedas”… Y cuando, en plena vorágine de hora punta, alguien olvidaba decirlo, un encargado recordaba que era precisamente en esos momentos cuando resultaba más importante.
El agradecimiento como acto de respeto
En el entorno laboral actual, cada vez más complejo, orientado a resultados y digital, corremos el riesgo de descuidar gestos sencillos pero esenciales para mantener el tejido humano de las organizaciones. Uno de ellos es dar las gracias.
Agradecer no es un gesto superficial ni protocolario. Es una forma de reconocimiento mutuo, de respeto y de construcción de vínculos.
Dar las gracias a un compañero, a un proveedor, a un subordinado o a un superior es algo que va más allá de las obligaciones contractuales. Es una manifestación de humanidad en un espacio que, con la excusa del frenesí diario, a menudo olvida lo humano.
Agradecer significa reconocer al otro: tomar conciencia de que alguien ha hecho algo —por pequeño que sea— que nos ha beneficiado, facilitado una tarea o contribuido a un objetivo común.
Y es importante subrayarlo: no siempre implica que esa persona haya hecho algo excepcional o fuera de sus funciones. Cumplir bien con el trabajo asignado también merece ser reconocido. Una respuesta a tiempo, una gestión sin errores, una reparación eficaz… cada una de estas acciones forma parte de un engranaje que solo funciona si todas las piezas cumplen su papel. Reconocerlo refuerza el respeto mutuo, consolida la confianza y construye una cultura más saludable.
Lo que perdemos cuando no agradecemos
No agradecer no es neutral: tiene consecuencias.
La ausencia sistemática de reconocimiento desgasta relaciones y debilita la motivación. No se trata de esperar halagos constantes, sino de percibir que el propio trabajo se ve y se valora. Cuando eso no ocurre, las personas pueden sentir que su esfuerzo es invisible, desconectarse emocionalmente del equipo y perder el impulso de búsqueda de la excelencia y mejora continua.
Además, la falta de agradecimiento empobrece la cultura organizativa. Un entorno donde nadie reconoce el trabajo de otros se vuelve frío, transaccional, limitado al cumplimiento mecánico de tareas. Y aunque ese modelo pueda sostenerse durante un tiempo, no es viable a largo plazo sin erosionar el compromiso y la salud emocional de las personas, que son el recurso más valioso de cualquier organización.
Para quienes no agradecen: dos preguntas necesarias
1. ¿Qué pierdo si empiezo a agradecer más a menudo? Seguramente, nada. Al contrario: ganarás conexión, credibilidad y mejores relaciones. Agradecer no te hace débil, ingenuo ni menos exigente; te hace consciente de los demás y de tu papel en un sistema interdependiente.No todo el mundo tiene interiorizado el valor del agradecimiento. En muchos casos, no es mala intención, sino hábito o simple inercia. Pero si eres de quienes rara vez dicen “gracias” en el trabajo, detente un momento y pregúntate:
2. ¿Cómo me siento cuando nadie reconoce lo que hago? Si alguna vez has experimentado la frustración de no sentirte valorado, conoces el efecto que provoca. Entonces, ¿por qué repetir ese patrón con otros? A veces, cambiar un hábito empieza con un ejercicio simple de empatía.Un gesto sencillo con gran impacto
Cambiar la cultura del agradecimiento no requiere estrategias corporativas complejas ni inversiones especiales. Basta con voluntad. Normalizarlo en los canales habituales de comunicación —correos, mensajería interna, videoconferencias— o incorporarlo como cierre de una reunión o una llamada son pequeños gestos que suman.
Decir “gracias” es sencillo, pero encierra una declaración poderosa: trabajamos con personas, valoramos su esfuerzo y, por encima de funciones y cargos, queremos construir entornos más humanos, donde el respeto se exprese tanto en lo que hacemos y decimos, como en cómo lo hacemos.
NOTA: la imagen del post la ha generado chat GPT y, a pesar de que dicen que hacerlo consume mucha energía en estos modelos de IA, no me he resistido a hacerlo y le he dado las gracias.