Aprender jugando

Aprender jugando

Dicen que el juego es cosa de niños. Aunque también es tema de adultos, de empresas, de equipos de trabajo, o de cualquiera que quiera aprender... Creo que conforme crecemos y nos hacemos adultos, hay un momento, no sabría muy bien cual es en el que decidimos que aprender tiene que ser algo serio, rígido, aburrido. Que si no duele, o no cuesta un gran esfuerzo, no vale.

Esta verdad interiorizada y que tomamos por cierta nos impide tner presente uno de los mecanismos que tenemos grabados en el cerebro reptiliano y que tiene que ver con cómo aprendemos los mamíferos: jugando.

Eduard Punset defendía esta idea constantemente

Recuerdo haber leído y ecuchado mucho a Eduard Punset. Sobre muchos temas, la verdad es que es una de esas personas que destilaba coocimiento, sabiduría y curiosidad en cada frase que pronunciaba. Una idea que le esuché en una ocasión y que me ha reverberado constantemente en la cabeza es que el cerebro aprende mejor cuando hay emoción, curiosidad, y sobre todo cuando hay juego.

Punset hablaba de la neuroplasticidad como esa capacidad maravillosa que tiene nuestro cerebro de seguir transformándose toda la vida. Pero no entendida como una transformación mecánica, sino como resultado de la exposición a estímulos nuevos en un contexto seguro. El juego activa los circuitos de recompensa, reduce el cortisol —esa hormona del estrés que tanto bloquea el aprendizaje— y facilita que lo nuevo se quede. No es una frivolidad, ni una media verdad. Es biología.

Y sin embargo, miramos con recelo a quien propone que la educación, la formación y el aprendizaje tienen o pueden ser gamificados.

Los leones aprenden así

A diferencia de mucha gente yo era de los raros que veía los documentales de la 2, y digo veía porque no los utilizaba como somnífero. A mi me encantaban. Tanto que aún a día de hoy los veo y se cuales he visto y cuales no (los repiten tanto como verano azul...).

En uno de ellos eplicaban el comportamiento social de las manadas de leones. Explicaban que los cachorros de león se pasan horas jugando: se persiguen, se muerden sin hacerse daño, miden sus fuerzas. Lo que parece un juego, en realidad es un entrenamiento de habilidades de caza, de jerarquía social, de coordinación con el grupo.

Cuando admiramos los planos de los documentales no siempre nos percatamos de una cuestión clave: para que los cachorros puedan jugar así, tiene que existir una manada que les proteja. Mientras ellos juegan, las leonas cazan y los machos vigilan el territorio. Tienen un espacio seguro donde equivocarse sin consecuencias.

Ese espacio es el que permite que el juego sea formativo y no destructivo. Si los leones cachorros tuvieran que aprender a cazar en medio de una tormenta, con hienas merodeando y sin adultos que los cubrieran, no jugarían. Se dedicarían a sobrevivir. Y probablemente no llegarían a adultos.

El espacio es la clave para que la formación sea eficaz

Aquí está la clave que quiero compartir. No basta con gamificar la formación. No basta con poner puntos, medallas o tablas de clasificación. Si una persona no tiene un entorno propicio donde equivocarse, donde probar cosas nuevas sin miedo a consecuencias, donde el error sea un intento más y no una lacra, la gamificación es un parche que no va a ayudar a que la formación sea eficaz.

Necesitamos espacios —físicos y culturales— que nos aíslen del ruido. Del "no hay tiempo para esto", del "si fallamos nos miran mal", del "esto es una pérdida de tiempo". Espacios protegidos, como el seno de la manada para los cachorros de león.

Lugares donde apartarnos del ruido, poner el foco en lo que estés aprendiendo y en el proceso de aprendizaje, que es lo que verdaderamente va a determinar, no sólo si somos capaces de aprender, sino, y sobre todo, de si ese aprendizaje va a interiorizarse y asimilarse de forma permanente.

Volver al origen

Al final, aprender jugando no es volverse infantiles. Es volverse más humanos. Y paradójicamente, más eficaces. El juego es el atajo más corto entre no saber y saber. Punset lo sabía. Los leones lo practican desde siempre. Solo falta que nosotros, como líderes, como formadores, como equipos, creemos el espacio para hacerlo posible.

Porque sin ese espacio, el juego no es juego. Es ruido. Y sin juego, el aprendizaje no es aprendizaje. Es una tarea ejecutada.